El “efecto Greta Thunberg” y la discafobia

Ed. Diario16, 17 de septiembre de 2019

Todo el mundo conocemos a Greta Thunber como la joven activista medioambiental, pero poca gente conoce su faceta de persona con asperger. Desgraciadamente, quienes si lo sabían eran sus retractores políticos, quienes han utilizado su discapacidad para atacarla, poniendo en tela de juicio su capacidad para razonar de forma coherente, como se denuncia en este artículo del periódico digital colombiano “El Espectador” . Pero desgraciadamente, este no es el único caso de figuras sobresalientes con discapacidad atacadas por eso, por tener discapacidad. Así tenemos el caso del físico teórico británico con ELA, Stephen Hawking, a quien se le acusó de haber perdido la cabeza cuando aseguró que se podría probar que Dios no existía. También tenemos más cerca el caso del dirigente de Podemos, Pablo Echenique, a quien se le ha acusado de: “Utilizar la formación que se le ha dado de forma gratuita en este país, (en clara referencia a la exención de las tasas universitarias por discapacidad), para ir contra él.

Aquí tenemos un tipo de discafobia dirigida no ya contra quien es una carga y estorba, sino contra quien debiendo serlo, (según el rol que se le presupone), no solo sobresale de la media, sino que lo hace desde postulados progresistas que cuestionan el neoliberalismo o estamentos como la Iglesia y las creencias que la sustentan.

Las causas de esto vienen a ser las de siempre. La envidia por el éxito de estas personas y un complejo de inferioridad de la masa obediente a las reglas del sistema y los roles que este le ha asignado. Paradójicamente, esta reacción no se da tanto en los poderes fácticos del sistema, (aún no les molestamos lo suficiente), como en una masa acrítica que se siente amenazada por quienes teníamos que ser el objeto de su compasión desde un plano de superioridad moral. De esa forma, a medida que el discurso paternalista de “el tonto del pueblo”, “el cogito”, o “la cieguita”, empieza a carecer de sentido ante personas de mayor valía que la media, empieza el discurso del odio y los falsos “privilegios”. Ya vimos esto en otros colectivos como el caso de la caballerosidad machista, convertido en el: “eres una feminazi”, o en el caso del ayudemos a los negritos del África tropical, convertido en el: “vamos a construir un muro de hormigón armado”. Y es que, cuando el paternalismo no funciona, surge el odio latente.

 

Este odio, unido al discurso populista contra la corrección política de la nueva (y la antigua) ultraderecha, está dando como resultado un abierto repunte de las agresiones físicas y verbales a la discapacidad. Y es que, como he dicho, cuando algo deja de estar protegido por el aura de la compasión, los “angelitos” pasamos a ser una carga pesada y/o unas personas con “privilegios”. Y este odio le acaba pagando las personas con discapacidad en una situación más precaria y que no son famosas, así vemos a mujeres con discapacidad viviendo en la calle, ancianas maltratadas en residencias por mujeres alienadas por el patriarcado y con poca formación, personas con discapacidad siendo expulsadas de locales públicos, niños y niñas sufriendo bulling en su centro de estudios y/o que no reciben apoyos, etc, etc… Y es que los “angelitos” crecemos y algunos tenemos la osadía de ser hombres y mujeres libres y de buenas costumbres.

Ante esa situación hay dos opciones:

Una opción es la preferida por una parte de la progresía de este país. Cerrar los ojos a lo que acabo de decir y construir una realidad paralela y edulcorada con ejemplos de superación vacíos de discurso. Ejemplos que hablen de inclusión y superación en sentido abstracto, que no generen polémica y que inspiren ternura y compasión. En otras palabras, se prefiere a un campeón del tío Tom a un rapero con carácter y alguna conciencia social o una feminista radical que está a favor de la abolición del género en vez de ser una copia mala de sus roles. Lo vacío, convencional y positivo es lo asumible, lo que vende.

La otra opción es no cerrar los ojos a lo que acabo de decir. Analizar la realidad del problema de la fobia a la discapacidad en toda su dimensión, estudiar hasta donde llega ese problema. Una vez analizado el problema, apostar por soluciones emancipatorias y empoderantes.

Pero yo intento no ser un activista de salón, (o como se diría ahora, un ciberactivista de change.org), e intento combinar teoría con práctica, procurando que ambas se retroalimenten así que si decidís decantaros por esta segunda opción, os invito a apoyar el recién creado Observatorio Nacional de la Fobia a la Discapacidad (ONFD). Esta es su página web: www.onfd.net . Aquí veréis en que consiste este proyecto: https://www.onfd.net/newpage , como colaborar académicamente o como organización con él: https://www.onfd.net/newpage8dec511f y como colaborar económicamente con él: https://www.onfd.net/newpagec767d967 .

Si prefieres la primera opción deja de leer y enciende la tele, seguro que en algún canal están repitiendo hasta la saciedad algún conmovedor discurso que te hará sentir mejor contigo mismo y conciliar el sueño.

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