Víctor Villar Epifanio
Víctor Villar Epifanio

De élites vanguardias y retrones

Ed. Blog: "De retrones y hombres" de Eldiario.es (http://www.eldiario.es/), 01 de agosto de 2013

 

           Antes de nada quisiera presentarme y deciros que hago aquí. Mi nombre es Víctor Villar Epifanio y por mi trayectoria, mi especialidad es la filosofía política y las políticas activas sobre discapacidad. A esto me he dedicado y me dedico, una materia, que en este país, aún es incipiente y que, como veremos, aún no tiene rumbo fijo. Así, que creo que mi visión puede ser complementaria a la de mis socios de blog Raúl y Pablo, a quienes agradezco esta oportunidad.

 

            Ahora quiero haceros un resumen de lo que voy a tratar en este blog. Lo que sigue, viene a ser un resumen de la situación de la que partimos en esta materia, según mi formación y experiencia.

 

            Hace apenas una década que los partidos políticos han incluido, de manera generalizada el tema de la discapacidad en sí misma en sus programas y en sus discursos. Esto, ha aumentado con la LEY 39/2006, de 14 de diciembre, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia. Esto ha provocado que los partidos hablen de los retrones y las retronas, (no olvidemos el enfoque de género, que también forma parte de las políticas sobre discapacidad). Pero al ir a interesarse por nosotros y nosotras como sujetos de políticas específicas, se han encontrado con que los sujetos no saben todavía que es lo que quieren, lo cual provoca aún más confusión entre los propios partidos políticos. Esta situación del colectivo se debe, en mi opinión a varios factores.

 

            En primer lugar, la heterogeneidad y el individualismo de nuestro colectivo. Estamos hablando de un amplísimo colectivo, en el cual hay desde personas con problemas de riñón, (discapacidad orgánica), hasta personas encamadas que necesitan atención 24 horas; desde personas con restos de visión o con implante cloquear, hasta personas con una gran discapacidad intelectual. Y el catálogo sigue, sigue y sigue. A esto, hay que añadir nuestros “compañeros de dependencia”, la gente mayor, que a su vez, en muchos casos tienen una discapacidad. Esto hace que, al menos hasta ahora, no tengamos un nexo claro de unión y hasta dentro del Movimiento Asociativo, cada cual solamente vea su caso individual y sea difícil hablar de colectivo como tal. Pero al mismo tiempo, nuestra “fama repentina” nos da un poder electoral que estamos desperdiciando por no poder enfocarlo.

 

            Por otro lado, al contrario de otros colectivos, en nuestra mayoría aún no hemos dado el paso de la vergüenza al orgullo. La mujer en occidente, exceptuando casos, se ha despojado de la etiqueta de “mala”, “impura” y “fuente de todos los males”; el colectivo LGTB, desde 1980, se ha despojado oficialmente de la palabra “enfermos”, pese a quien pese. Aunque creo que los y las transexuales aún tienen algún problema al respecto. Sin embargo, nosotros y nosotras aún cargamos con la idea de vergüenza y carga familiar y social, hasta llamándonos a nosotros mismos enfermos/as, lo que deja nuestra autoestima a la altura del betún.

 

            Esto, unido a que muchos retrones y retronas no tienen capacidad, ni formación  liderazgo colectivo, nos lleva a confiar el futuro del colectivo a unas élites o vanguardias que trabajan en asociaciones y/o en partidos. Pero, fijaros bien, no es baladí que hable de élites o vanguardias.

 

            Cuando hablamos de élites, hablo implícitamente de desigualdad y clasismo, una élite es aquella que piensa que ella es la medida del colectivo y que este debe seguirle ciegamente y tomarle como ejemplo, aunque esto provoque frustración y signifique desprecio al resto del colectivo. Son, tanto en asociaciones como en partidos, los que Malcom X llamaría “retrones/as del Tío Tom”, siempre pegaditos/as al poder y marcando distancias con el resto del colectivo, seguramente debido a un problema de inseguridad que les impide moverse no sea que no salgan en la foto.

 

            En otras ocasiones, esas élites van de autoridades académicas (o pseudoacadémicas) incomprendidas por la sociedad que viven en su Olimpo del pensamiento y estudio. Pero esos ya son otra historia.

 

            Cuando hablamos de vanguardia, hablamos de quien abre las puertas a otras personas, en el centro de trabajo, en el centro de estudio en la sanidad, en los servicios sociales. En definitiva, en la vida real. Vanguardia es aquella que pone como medida a aquella persona que tiene peor situación económica y/o de estado dentro de su colectivo. Pero para eso hay que anteponer el “nosotros/as” al “yo”, cosa muy difícil dentro de nuestros colectivo.

 

            Espero haberos transmitido de que temática de la que os voy a hablar yo y que sea de vuestro interés. Si es así, hasta la próxima; si no lo es, seguramente la culpa sea mía.

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