Víctor Villar Epifanio
Víctor Villar Epifanio

Los agujeros negros de las políticas sobre discapacidad

(Ed. Diario Progresista (www.diarioprogresista.es). 21 de Junio de 2012)


Muchos años han pasado desde la época de los exterminios en el campo-laboratorio nazi PT4 y los experimentos de los “doctores” Menguele y Vallejo-Nájera. Pero la verdad es que algo queda de esa filosofía de la “curación” o eliminación de la discapacidad. Evidentemente, son solamente residuos de esta filosofía, pero ahí están. Me explico.

 

Una muestra de este residuo ideológico es el art. 156 de nuestro Código Penal que permite esterilizar a mujeres con discapacidad, decidiendo por ellas sin darlas la oportunidad de tener hijos y exponiéndolas a abusos sexuales más frecuentes por parte de su propio entorno. A estas mujeres, también están empezando a someterlas a operaciones de pecho a los 20 o 30 años para hacerlas parecer niñas.

 

Eso es solamente un ejemplo, quizás el más claro, pero solamente un ejemplo que nace de una filosofía, la filosofía que dice que la discapacidad es una carga, un estorbo. 

 

Otro ejemplo más sutil, es el hecho de llamar “respiro familiar” a las actividades de ocio para personas con discapacidad programadas por algunas asociaciones. Parece ser que el objetivo no es tanto mejorar la calidad de vida de la persona con discapacidad, sino librar a la familia del peso de cuidarla.

 

Creo que este problema está por encima de cualquier otra consideración de políticas sobre discapacidad, ya que se trata de un concepto casi metapolítico, filosófico, afecta a la existencia misma de las personas con discapacidad, su humanización. Cuando la dignidad de alguien no se considera por sí misma, su existencia es cuestionada. En el momento en que se ha deshumanizado a alguien, su voluntad no cuenta.

 

En algunos casos entre las personas con discapacidad y sus familiares, lo que ocurre es que el amor que se suele sentir por estas personas, es un amor pasivo, un amor sin respeto a la voluntad del sujeto, lo que se convierte en simple cariño.

 

En el caso de personas ajenas a la persona con discapacidad, esa unión emocional no existe, por lo cual aparece la aversión a la persona con discapacidad, viéndola como una carga a la que apartar o eliminar.

 

Naturalmente, eso no se reconoce abiertamente por ser unas ideas que en el imaginario colectivo no se reconocen como buenas, sino como dañinas para la comunidad. Pero el poso de esas actitudes quedan ahí y, de vez en cuando, reaparecen, en ocasiones, (la mayoría), de forma sutil y otras, como en el primer caso que he comentado, de forma más explícita.

 

Hasta que esta visión de la discapacidad no cambie, muy pocas cosas pueden cambiar. La única forma de cambiar eso, es humanizar y empoderar a las personas con discapacidad. Respetar sus opciones y opiniones.

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