Víctor Villar Epifanio
Víctor Villar Epifanio

Discapacidad y trabajo del día al día

Ed. Diario Progresista, 15 de mayo de 2014

 

Recuerdo una escena de mi película favorita, Amadeus. En ella, el compositor de la Corte en Viena, Antonio Salieri, le decía a Mozart que los vieneses solamente aprecian una obra cuando saben cuando aplaudir mediante un “chan” final en cada acto. Algo así pasa en la política actual y la política sobre discapacidad y dependencia no es la excepción. Me explico.

 

 

La población busca frases hechas cosas que muevan sus entrañas, actos vistosos y frases que enganchen. La gente necesita imágenes a las que seguir, cual fariseos. Se trata de tener un discurso fácil de entender y que quepa en el ritmo televisivo. Siempre que esto no caiga en la telemendicidad o el discurso paternalista, estoy de acuerdo con ello, puede ser interesante, no tengo nada en contra de la difusión y la visibilidad de los problemas, pero paralelamente debe haber un trabajo político y social serio y continuado. Siguiendo con el ejemplo, ¿qué sentido tendría un grandioso final donde aplaudir sin la ópera entera?

 

            Desde estas líneas reivindico el trabajo de quienes sin apenas difusión trabajamos día a día en parlamentos, partidos y asociaciones por la discapacidad, haciendo aburridos textos que nadie lee, pero que todo el mundo disfrutará mañana. Si, con la cabeza bien alta reivindico la labor que los políticos y políticas hacen, posiblemente cuando se ausentan de los Plenos, entre otros momentos. Si, en esos momentos en los que la ciudadanía da rienda suelta a su populismo y les empieza a insultar cuando ve un hemiciclo vacío por la tele. Es en estos momentos cuando sus señorías consultan a los cuadros de sus partidos y representantes de las asociaciones para crear una “partitura” cuya interpretación sea beneficiosa para las personas con discapacidad y dependientes.

 

            Por desgracia, o más bien por fortuna, esas partituras no se hacen correctamente a la primera, como hacía el Maestro Amadeus, en política eso sería estar en dictadura. Estas obras se crean después de muchas correcciones, tachones, relecturas y reescrituras, en forma de enmiendas y consultas, lo cual implica reuniones, decenas de borradores, asesoramiento técnico, asociativo y jurídico. Amén de discusiones en los pasillos y las comisiones.

 

            Después de todo esto, llega la escenificación mediática en el hemiciclo, momento en el que algún parlamentario o parlamentaria suelta un chascarrillo y esa es la noticia en programas de éxito y redes sociales.

 

           Por todo ello, yo quiero romper una lanza por aquellos quienes directa o indirectamente trabajamos en silencio, mientras oímos como nuestro trabajo es resumido en frases pegadizas, cuando no menospreciado directamente con frases como: “Todos son iguales”.

 

            En fin, es lo que toca en la sociedad de la imagen y los discursos rápidos. Pero yo me pregunto: ¿Cómo haría Karl Marx para hacer que los trabajadores y trabajadoras del s.XIX, muchos y muchas casi analfabetos, se leyeran libros gordos y sin “santitos” ni fotos de gatitos? 

             

 

 

     

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