Víctor Villar Epifanio
Víctor Villar Epifanio

Emprendedores sociales

(Ed. Diario Progresista (www.diarioprogresista.es). 14 de junio de 2012).

 

Siempre me ha surgido una duda. ¿Hasta qué punto una persona que es emprendedora socialmente se puede comparar a un emprendedor empresarial? La idea del tercer sector, al menos en la discapacidad, tiene cierto peligro. Una cosa es la profesionalidad y otra la medida económica en la atención social. Me explico.


Desde hace décadas las entidades sociales que trabajan con la discapacidad han ido alcanzando un alto grado de profesionalización. Esto es positivo, ya que se supera la idea de voluntarismo, la idea de que "bueno, aquí cada uno hace lo que puede". Se ha conseguido una mayor eficacia en los y fiabilidad en los Proyectos sociales y en la atención a las personas usuarias, cosa que con el voluntarismo no se habría conseguido. También, se ha conseguido un tratamiento más eficaz y menos paternalista a las personas usuarias.

 

Pero ese cambio trae consigo varios inconvenientes.

 

El primero, es la pérdida de democracia de estas entidades, ya que se da un poder casi absoluto a las personas que trabajan en estas organizaciones. Esto, hace que los órganos políticos de estas organizaciones queden descolgados de las principales decisiones importantes por falta de formación o información, quedando de este modo en manos del personal técnico. Este personal, en la mayoría de los casos, al menos en ciudades y comunidades pequeñas, son personas afectadas.

 

El segundo problema, es la prevalencia de la prestación de servicios, frente a las políticas sobre discapacidad. Las decisiones más políticas o de líneas de actuación se dejan de lado ya que lo que a los profesionales les interesa es tener trabajo.

 

De este modo, muchas veces se generan necesidades que el colectivo no siente como propias o se repiten año tras año Proyectos sociales sin un análisis de lo necesario o no de estos. Normalmente, esto se hace según una consigna de las grandes plataformas a nivel estatal, las cuales calculan que necesidades pueden ser las más susceptibles de ser subvencionadas.

 

En mi opinión, no hay nada malo en ser profesional del asociacionismo, no hay nada malo en ser emprendedor, siempre que no se tome como modelo el mundo empresarial, sino el político, el espíritu de servicio público.

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