Víctor Villar Epifanio
Víctor Villar Epifanio

Familias y asociaciones: Dos realidades cada más distanciadas

Ed. Dario Progresista (www.diarioprogresista.es), 30 de agosto de 2012

 

Ya son varios los familiares que nos han parado por la calle, a Mar y a mí, para contarnos sus problemas. Algunos nos hablan de amenazas veladas de la Administración, otros de abandono de la misma y de las asociaciones, otros de métodos "milagro". Pero lo que veo en todos ellos, es un terrible desamparo. Esto quiere decir que, tras treinta años de modelo asociativo cada vez más profesional, algo ha debido fallar ya que las familias siguen igual de desamparadas. Me explico.

 

A finales de los años 70, el asociacionismo comenzó su andadura gracias a miles de familias primerizas que, simplemente, querían una salida digna para la vida de sus hijos e hijas: educación, terapia y socialización con sus iguales. Tuvieron que enfrentarse a humillaciones, desprecios, las (casi todas eran mujeres) acusaron de locura y las ignoraron. Así estuvo la cosa, hasta que un grupo de políticas, políticos y profesionales de la educación pensaron: “algo habrá que hacer con esos chicos y chicas” y entre “Piagets”, “Freires” y “Pablos Iglesias”, se fue experimentando y saliendo adelante con mucho esfuerzo.

 

Esas primeras personas pioneras del asociacionismo, no sabían nada de financiación de proyectos, administración de entidades sociales, ni del Tercer Sector económico. No sabían nada de Gerencias, Juntas Directivas, Proyectos, Memorias de actividades y Memorias económicas. Solamente sabían que sus niños y niñas deberían tener una vida digna y que las autoridades deberían dársela, era su obligación, ni más ni menos, así de simple, ni más, ni menos.

 

Dos décadas más tarde, comenzó la profesionalización del asociacionsimo, esas madres fueron reemplazadas por profesionales con cifras, datos, balances, cuentas anuales, presupuestos, Proyectos, objetivos subvencionables y nóminas a fin de mes. La lucha no pasó de madres a hijos e hijas, sino que el negocio pasó a manos de meros gestores del Estado del Bienestar.

 

Ahora, esos mismos gestores, como ya dije en mi anterior columna, ven peligrar su puesto de trabajo a no ser que se conviertan en empresas de servicios, ya que hay empresas mucho más eficaces e eficientes esperando a que se abra ese mercado.


Entre tanto, los familiares del s.XXI, siguen igual de desamparados. Las asociaciones no cubren sus necesidades y está empezando a cobrar cada vez un precio mayor por sus servicios. Los y las profesionales cada vez empatizan menos con ellos, los están sustituyendo en las labores de dirección por falta de formación y se vuelven a sentir tan impotentes como hace treinta años.
Con este panorama, un servidor solamente puede decir que uno de esos niños de hace treinta años ha crecido, sabe qué le ha hecho llegar hasta aquí y quiere seguir por ese sendero.

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