Víctor Villar Epifanio
Víctor Villar Epifanio

Gallardón, vuelve El Príncipe


Aún pecando de ingenuo y dando por cierta la buena fe del Sr. Ministro de Justicia, Alberto Ruíz Gallardón, diciendo que pretende proteger mis derechos como persona con discapacidad, le voy a decir porque rechazo tan “noble” ofrecimiento. Me explico.

 

Se ve que a esta gente de la derecha española no le cabe en la cabeza que el sujeto del derecho al aborto es la mujer, la cual es aquí la única persona jurídica existente, ya que, según nuestro Código Civil, el neonato no es considerado persona hasta 24 horas después de su nacimiento. Por otro lado, ni al Sr. Gallardón ni a mí se nos hinchan los pies, ni tenemos vómitos, dolor de espalda, sobrepeso, cambios físicos, pérdida de puesto de trabajo, etc, etc… Así que, por esa parte, dejo a las afectadas que le contesten.

 

Vamos ahora con la parte que a mí me compete, el día, la semana, el mes, el año y la vida después.

 

Hay otra cosa que usted como neoliberal no debe entender muy bien, no se preocupe, yo se la explico: “No se puede proteger un derecho sin hacerlo económicamente a través del Estado”. A ver, yo comprendo que eso, ni La Riqueza de las Naciones, ni la Escuela de Boston lo recomiendan, pero siento decirle que, por muy humanista que sea uno, aquí se impone el Materialismo Histórico. No tiene sentido defender el nacimiento y la vida de alguien y suprimir la Ley que intenta cubrir sus necesidades básicas, la Ley de Dependencia y demás ayudas sociosanitarias. Sería gracioso, sino fuera tan triste.

 

Le voy a poner un ejemplo práctico. Le voy a contar la historia de una chica que tuvo una hija con discapacidad muy joven, lo cual le corta la juventud de raíz, esto, seguido del abandono del hogar de su pareja y sobretodo una situación económica precaria, hace que esta chica tenga problemas mentales, lo cual genera malos tratos físicos y psíquicos a su hija por culparla de la situación.

 

Ante esa situación, esta niña, sale cuanto antes de su casa y no tiene ninguna ayuda económica para sus necesidades básicas, ni ningún sitio adecuado para vivir. Esto hace que esta chica tenga que deambular por distintos centros, de los cuales se tiene que ir al terminar su formación y cagar en la ducha por no tener baños adaptados, me va a perdonar usted lo explícito de la explicación, pero es así. Este es un caso real y que fue muy cercano a mí, quien me conozca lo sabe. 

 

También, le puedo hablar de búsquedas desesperadas de “curación”, depresiones, hipernerviosismo, dependencia mutua, pérdida de vida laboral (y ahora de cotización a la Seguridad Social). Y por el otro lado, sobreprotección,  retraso social, aislamiento, etc, etc…

 

Con este panorama, hablar de proteger derechos es lo más maquiavélico que he oído en mi vida. Le pido por favor que no insulte nuestra inteligencia, esto no es una broma y no todas las familias tienen “chacha” que cuide al niño o niña con discapacidad.


•Nota para los lectores: Como novedad, para mayor utilidad de esta columna, quien quiera consultarme algo sobre discapacidad y dependencia, puede escribirme a: vvillarepifanio@diarioprogresista.es. Espero ayudaros.


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