Víctor Villar Epifanio
Víctor Villar Epifanio

La caridad, la Socialdemocracia y la unidad

(Ed. Diario Progresista www.diarioprogresista.es , 26 de Abril de 2012)

 

Dice mi "tío" José Luís Arlarzón, Presidente del CERMI CYL, que, gracias a las actividades cuasidelictivas, (desde el punto de vista humanitario) de este Gobierno, las personas con discapacidad estamos al borde de la miseria. Y según estoy viendo, razón no le falta al "tito José Luis". Me explico.

 

Últimamente, estoy viendo, oyendo incluso recogiendo el testimonio de varias personas, familias y organizaciones sociales que buscando una salida a la desesperada a su situación y/o a las de sus familiares recurren a la caridad para financiar Proyectos y tratamientos médicos. Lesionados medulares en valencia que buscan fondos para un Proyecto de investigación para la regeneración medular, madres que pagan a una investigadora para curar el cancer de su hija y familias que recurren a la "telebasura" para financiar el tratamiento de sus hijos en EE.UU.

 

Como socialdemócrata veo todo esos casos como un tremendo fracaso de mi ideología. La socialdemoracia, bien entendida, está muy lejos de ser aquello extraños y, (por desgracia), no un menor número de propios, ven como una versión edulcorada del neoliberalismo. La socialdemocracia es aquella ideología que, aceptando la democracia representativa y el libremercado como un mal necesario, intenta ampliar la primera y poner límites al segundo, dotando al Estado de poder suficiente para ello y poniendo por delante al Ser Humano.

Coherentemente con esta definición, este tipo de iniciativas privadas neocaritativas son un tremendo fracaso del Estado del Bienestar creado tras la II Guerra Mundial y por lo tanto un fracaso de la praxis de la socialdemocracia. En una socialdemocracia real, esos servicios deben ser asumidos por el Estado.

Dicho esto, culpar de algo a las personas anteriormente citadas, sería terriblemente injusto, sería culpar a la víctima en vez de al victimario, que son este sistema económico y ahora el Gobierno en España que les obliga a hacer esos cosas, las cuales no son gratas para nadie, toda persona tiene su dignidad.

 

Quién haga esto, quien culpe a estas personas, no merece nada de mí, ni siquiera mi condena o mi desprecio. No hay que dar publicidad a "trolls", sean reales o virtuales.

 

Lamentablemente, algunas veces esos elementos provocadores, como les llamaría el "tío Paulino", (si, yo tengo muchos "tíos"), consiguen su objetivo, reventar los movimientos y las iniciativas sociales. Por eso, yo ruego, imploro encarecidamente a las Plataformas en Defensa de la Dependencia de todo el Estado que vuelvan a la unidad de acción, la causa lo merece y es demasiado seria para que motivos personales lleven al traste la lucha de miles de familias.

 

Dicho esto, como siempre, pongo mis humildes medios, mis dos manos y lo que me queda de cerebro a disposición de las diferentes Plataformas en defensa de la Ley de Dependencia y sus iniciativas. Como siempre, aquí me tendrán.

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