Víctor Villar Epifanio
Víctor Villar Epifanio

Política de masas, diversidad y discapacidad

Ed. Diario Progresista, 11 de septiembre de 2014

 

            Hace ya casi un siglo y medio que los partidos de masas, (aquellos que algunos se empeñan en llamar “los de la casta”), aparecimos en la escena política. Con ello se dio el paso de los intereses de algunos privilegiados, (mejor o peor intencionados), a los tan invocados intereses generales, de la mayoría. Eso está muy bien, pero ahora queda dar un paso más: Poner nombre y apellidos a las mayorías. Me explico.

 

            Las mal llamadas minorías, (aquellas que unidas somos mayoría), estamos entrando tímidamente en la política y cada ideología nos integra en su propio esquema según su paradigma ideológico.

 

            Por su parte, la derecha hace una selección tanto dentro como fuera del partido. Así podemos ver en cargos públicos a gente que tiene una discapacidad compatible con aquel aspecto que la sociedad puede asumir, o excepcionalmente, hacen vergonzosos ejercicios de amarillismo político para pagar favores a asociaciones afines. Y por otro lado, podemos ver como los temas que tratan afectan a una minoría del colectivo y que apenas suponen gasto social, apostando por la asimilación y no por la integración dentro de la diversidad social. El intragrupo exige al exogrupo que asuma sus reglas sin hacer un esfuerzo solidario debido a sus circunstancias económicas, culturales, sociales, etc, etc... En otras palabras: Tienes que ser “normal”, como yo, ¿ves?. Para el resto ya está la familia, las asociaciones convertidas en empresas privadas, o la beneficencia.

 

            En cuanto a la izquierda, en general, lo de la solidaridad lo tenemos claro, no ponemos dejar a nadie en la estacada.  Lo que nos falla a nosotros y nosotras, (a unos/as más que otros/as), es entrar en el detalle, pasar de las masas obreras y campesinas a la sociedad diversa. Esto es comprensible, sabiendo de donde venimos. Los tíos Marx y Engels hablaban de dictaduras de las mayorías frente a las minorías, a quienes en ocasiones consideraban como “vicios burgueses”. Por otro lado, venimos de una izquierda obrerista que medía la dignidad de una persona por su capacidad de trabajo.

 

            En algunos partidos populistas, supuestamente de izquierdas, aunque cada vez más cercanos a posturas joseantonianas, (ni de izquierdas, ni de derechas), la diversidad simplemente desaparece de su discurso, lo cual es muy lógico si tenemos en cuenta que se alimentan del descontento de una masa informe. Para mantener ese discurso no se pueden parar en diversidades minoritarias.

 

            En el caso de la discapacidad, lo que ha encaminado por el buen camino a la izquierda es la atención a la dependencia y la promoción de la autonomía personal. Por fin la izquierda ha conseguido encajar a lo que consideraba una minoría apolítica, en un colectivo mayor con fuertes necesidades sociales. Ahora hace falta que discriminemos entre las distintas necesidades de un grupo tan heterogéneo, apostando por una gestión mayoritariamente pública de los servicios, al menos de los básicos. También hace falta que la concepción sanitaria de la discapacidad y la dependencia no fagocite a los derechos sociales y civiles del colectivo y a su empoderamiento.

 

            En definitiva. La izquierda actual debe presentarse como la guardiana de la diversidad, como condición básica para la igualdad. Solamente un Estado fuerte puede garantizar, mediante su intervención una diversidad no elitista, sino de la que podamos disfrutar todas y todos.    

 

 

           

           

           

 

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