Víctor Villar Epifanio
Víctor Villar Epifanio

Los nuevos pilotos de Tuskegee y la militancia vital

Ed. Publicoscopia, 09 de abril de 2015.

 

En estos días de “aperturismo político” renuncia a los símbolos, siglas y colores, yo, como han hecho otras compañeras y compañeros, quiero llevar la contraria y poner en valor la figura del militante. Pero, como siempre, yo quiero dar mi particular toque de diversidad. Y es que si ya es grave ignorar a quien entrega su ilusión, dinero, tiempo y trabajo, más grave, si cabe, es hacerlo cuando hay una necesidad política vital de por medio. Me explico.

En la Segunda Guerra mundial, los pilotos de la compañía 332 del ejército norteamericano, los llamados “Tuskegee airmen” o “colas rojas”, luchaban en la sombra, escoltando a los aviones norteamericanos en sus incursiones aéreas. Sin ellos, sus compañeros apenas hubieran tenido oportunidad de sobrevivir en sus ataques. Pero este grupo de pilotos tenía una característica, estaba completamente compuesto por pilotos afroamericanos.

A veces la militancia no es una opción, es una necesidad vital. Cuando uno lucha contra algo que va contra su propia persona, no es que se haga militante de unas siglas, sino que aporta su militancia vital a unas siglas, o mejor dicho a una ideología. Y es que cuando ves que una ideología va en contra de tu propia persona, unes tus fuerzas a otra ideología que te sea más favorable. Esta convicción vital te hace luchar con más fuerza aún, ya que no es solamente una racionalización ideológica lo que te mueve, que también, además lo hace una necesidad vital. Seguramente, tanto los soldados afroamericanos de la unión, como los “colas rojas”, por ejemplo, sabrían muy bien de que hablo. En mi caso, como persona con discapacidad, ya he explicado muchas veces mis apoyos y sus motivos.

Los problemas surgen cuando cambian las ideas aunque no las siglas y/o tu lucha y esfuerzo no son reconocidos, sino utilizados.

En una columna anterior explicaba porque, como persona con gran discapacidad, apoyaba el socialismo democrático. Resumiendo, decía que no me gusta que me exterminen, que me vean como castigo divino, que me llamen carga social, ni que me llamen lumpen, ni depender de la solidaridad obrera. Pues bien, cuando veo que la ideología que yo me propuse apoyar cambia mi cabreo es mayor, no es simplemente un desacuerdo ideológico, es dar la espalda a mis necesidades vitales, a las esperanzas que había puesto en esas siglas. Es a mi persona y a miles de personas a quien se nos está dando la espalda por traicionar unas ideas.

Por otro lado, cuando, al igual que otras compañeras y compañeros, ves que tus esfuerzos y tu entrega son despreciados en favor de otras personas que se llevan el reconocimiento orgánico o público sin ni siquiera ser militantes, piensas en dos posibles causas:

La primera, es que tú seas útil para mancharte las manos en las mazmorras, pero no para llevarte los laureles de cualquier tipo, para eso ya están señoras y señores más importantes, que incluso, en algunos casos salen o salieron en el papel cuché por razones variopintas. Cuando tienes discapacidad, esto es especialmente doloroso, ya que queda en evidencia la poca confianza en ti.

La segunda, casi aún peor, es que se prefiere la imagen al compromiso con las ideas y el trabajo incansable. ¿Será así?

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