Víctor Villar Epifanio
Víctor Villar Epifanio

Nueva política: La dictadura del consenso

Ed. Publicoscopia, 18 de diciembre de 2015

 

Decía el sociólogo Max Weber  que existen tres principales formas de legitimación del poder: La tradicional, la carismática y la legal-racional. La primera se dejó de dar de forma generalizada en la Edad Media. Con la caída de la sociedad estamental, la legitimidad del poder por la fuerza o por procedencia divina o hereditaria quedó prácticamente descartada. Centrémonos en las otras dos.

 

 

Legitimación del poder carismática: Esta legitimación se basa en los atributos individuales de un líder particular, en el carisma de este. Los dictadores han tenido éxito en acumular poder de esta forma.

 

Legitimación del poder legal-racional: Esta legitimación se basa en una argumentación más o menos racional: “el que manda es porque lo dice la ley” y esta ley es la mejor forma de adaptar unos medios (coerción estatal) a unos fines concretos (seguridad, libertad,etc.). Esta es la legitimación presente en las democracias representativas:  los representantes gobiernan porque se piensa que su elección en las urnas es la mejor forma posible (la más justa) de gobierno del “pueblo” y porque han ganado la mayoría del apoyo electoral de forma limpia (siguiendo las leyes).

 

La llamada nueva política se basa, parece ser, en el rechazo de todo formalismo reglamentario. Apenas se recogen actas de las reuniones, las estructuras de mando son difusas, apenas hay reglamentos escritos y se prefiere el consenso al voto. A la vista de esto, podemos concluir que la nueva política se basa más en una legitimación carismática del poder que en una legitimación legal-racional del mismo. Esto tiene un inquietante enganche emocional con el público en general, enganche que han utilizado el 15M, Podemos o, más recientemente, Ahora en Común y Unidad Popular-I.U. Esta filosofía hace creer a la ciudadanía media que se cuenta con ellos, les da una válvula de escape en las plazas y las Asambleas de barrio. Pero siento romper la magia, no les da una verdadera forma de participación democrática. Me explico.

 

Cuando en un grupo humano la única forma de participación es el debate verbal en una Asamblea, sin una Orden del Día y sin opción a voto más que en contadas ocasiones, lo que pasará es lo siguiente:

 

En primer lugar, el grupo promotor marcará los temas de debate de forma arbitraria, llevando este por donde quieran. Las personas u organizaciones promotoras marcarán el ritmo y el rumbo de la reunión al no haber ningún tipo de documento al que el resto de asistentes puedan atenerse.

 

En segundo lugar, en una reunión de miles de personas es imposible que nadie se exprese con un discurso argumentativo racional, por lo que se recurrirá a meros eslóganes y desahogos emocionales. Eso sin contar con la presión de grupo que aplastará cualquier intento de defender una posición minoritaria y, al no haber  apenas votaciones, esa diferencia queda acallada.

 

En tercer lugar, no se tiene en cuenta la diversidad psicológica y comunicativa de las personas. En un lugar donde la única forma de hacerse oír es levantar la voz es difícil que se escuche a aquellas personas con una especial timidez, falta de autoestima, problemas de comunicación, etc, etc… Y cuando estas personas tenemos posturas críticas con la mayoría,  nos atrevemos a hablar, se nos aplica la presión de grupo, con el silencio del resto de personas y sin que nuestra opinión se vea refleja en ningún voto o ninguna Acta, la diferencia es nuevamente silenciada. Esto nos lleva a la participación del más fuerte de acuerdo con una igualdad  absoluta. Aquí repito por enésima vez: “No puede, ni debe, haber igualdad sin diferencia, ni diferencia sin igualdad”.

 

En cuarto lugar, al no haber ninguna estructura formal, cualquier reclamación tendrá a las mismas personas como juez y parte, lo cual la haría absurda ya que se aplicará una vez más la presión de grupo, diciendo que la persona disidente se “lo haga mirar”, o acusándole de “falsa” o “envenenadora”.

Todo esto, junto a la aparente falta de ideología y la aversión a las siglas partidistas me tenía tremendamente confuso en esta nueva política. Así era hasta que todas las piezas de este puzzle han encajado e IU ha mostrado su verdadera táctica. Si no hay siglas, ni ideologías y se crea la ilusión de hacer las cosas de abajo a arriba, la primera organización que se presente  como tal será la que se lleve el gato al agua. Y así ha sido.

 

Sinceramente, yo no tengo nada contra IU, pero como racionalista convencido, socialdemócrata y persona con discapacidad, no puedo aceptar la dictadura de lo emocional, la dictadura del consenso frente al voto, mis convicciones son demasiado fuertes y racionales para eso. Al igual que no me convencía la dictadura del proletariado, tampoco me convence la dictadura del consenso. Así que, amigos y amigas de IU, Podemos y demás, yo quiero debatir ideas y argumentos racionales y concretos y votar, votar con cantos rodados o bolas blancas o negras, con papel o papeleta, a mano alzada, o virtualmente, pero siempre votar.  Si es así, les espero en el camino.

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