Víctor Villar Epifanio
Víctor Villar Epifanio

La verdadera superación

La historia ha sido escrita mayoritariamente por hombres, sobre hombres y para hombres. Evidentemente, esto no es así porque el género masculino sea superior al femenino, sino porque se ha subido a sus hombros para, como dijo el recientemente decapitado Sr. Guerra, salir en la foto. Y para más inrri, certificamos esto con la condescendiente frase: “Detrás de cada gran hombre hay una gran mujer”, lo que viene a ser una actualización de “El descanso del guerrero”. Pues bien, algunos varones con discapacidad se sienten muy cómodos en este papel, pero yo no. Me explico.


Cada día vemos a hombres con discapacidad que hacen grandes cosas, que salen a la vida pública para ser aplaudidos y admirados, en el mejor ese los casos; o como monos de feria que hacen cosas sorprendentes pero de poca utilidad práctica, en el peor. Sé que esto resultara impopular, pero esos logros que tanto aplaudimos muchas veces no es más que una de estas dos cosas:


Por un lado, se puede deber a una copia del rol masculino de los varones sin discapacidad. Esto se debe a lo que yo llamo “El síndrome del medio-hombre”. Este fenómeno consiste en que no nos ven capaces de competir en todos los niveles de la vida como se supone que debe competir un hombre “de verdad”, según los modelos imperantes. Por esto, algunos varones intentan reafirmar su papel exagerando sus roles masculinos.
Por otro lado, eso puede deberse simplemente a la necesidad de aprobación de las personas sin discapacidad. En este caso, el varón con discapacidad se limita a realizar actos llamativos aunque de poca utilidad práctica y que conllevan poco o ningún empoderamiento real. Esto, convierte a algunos varones con discapacidad en un ejemplo de superación amable de inocuo. 


Estos dos fenómenos de deben a la forma de ver la discapacidad en lo que yo llamo una tercera fase histórica de concepción de la discapacidad: “La discapacidad como algo que superar”. Esta  es la visión que actualmente defienden algunos grupos supuestamente progresistas. Está basada en una concepción errónea de la “igualdad”: “soy igual que mis amigos y amigas” Consiste en negar, ocultar o disimular la discapacidad. 


La discapacidad no es algo que deba ser superado sino reconocido, asumido y vivido.  Incluso debemos desarrollar las cualidades que nos da esta discapacidad: Mayor sensibilidad, mayor capacidad de escuchar, etc, etc…


En el tema de género, los varones con discapacidad tenemos que aprovechar esas diferencias, no intentar ser como los varones sin discapacidad, sino generar otras masculinidades. Quizás sea ya hora de madurar y ocupar el espacio privado, dejar de ser los niños sin más responsabilidades que jugar con sus  amigos Manolito, Joselito, Lolo y Sebastian a la guerra, a la conquista, a la política, a la economía, etc, etc…  Es posible que tengamos que empezar a ser nosotros los fuertes y, siguiendo con la canción de los Toreros Muertos, ser quiénes recojamos a nuestros seres queridos del suelo. 


Y precisamente aquí está la paradoja del varón con discapacidad. Nosotros, más que los hombres sin discapacidad, hemos sido sobreprotegidos, quitándonos el peso de los privado paea que podamos desarrollar nuestra vida publica: Estudios, conferencias, jornadas, aplausos, reconocimientos, etc, etc… Pero al mismo tiempo, debido a nuestra condición y la visión que se tiene del hombre con discapacidad, vemos el ejemplo de nuestras madres, las cuales, por desgracia,  son mayoritariamente las que se ocupan de nuestra educación y cuidado mientras vivimos con ellas. 


En consecuencia con  anteriormente expuesto, cuando los varones, con discapacidad nos independizamos, si no tenemos grandes ingresos y dada la mala aplicación de la Ley de Dependencia, tenemos dos opciones: 


a) Buscar una pareja a la que seguir cargando nuestra vida privada, para así poder salir a jugar con nuestros amiguitos, a ver si tenemos la suerte de que nos escojan para jugar en su equipo. Esta es, me temo, la opción de algunos varones que predican una supuesta “Vida Independiente”, como Javier Romañach.


b) Madurar y, en la medida de nuestras posibilidades, hacernos cargo de esa vida con la que nos hemos comprometido. No recibiremos palmaditas en la espalda, pero seremos dueños de nuestras vidas y de nuestro entorno. Quizás entonces, cuando aprendamos quienes somos y maduremos, podamos saltar a la vida pública con más confianza y mayor legitimación.  

 

Actualidad

¡Texto! Puede insertar contenido, moverlo, copiarlo o eliminarlo.

 

 

Víctor Villar Epifanio

Crea tu insignia
Víctor Villar Epifanio

Promociona también tu página
Versión para imprimir Versión para imprimir | Mapa del sitio Recomendar esta página Recomendar esta página
© Víctor Villar Epifanio

Página web creada con 1&1 Mi Web.