Víctor Villar Epifanio
Víctor Villar Epifanio

Sociocastellanismo: Un castellanismo moderno y sin odios ni envidias

    Una  cosa buena que ha traído la nueva política es un nuevo repunte del castellanismo. Esta ideología que propugna la unidad de Castilla, entendiendo como tal la unión de las actuales Comunidades Autónomas de Castilla León, Madrid y Castilla-La  Mancha, Cantabria y La Rioja, la defensa de sus intereses y su autogobierno. Esta ideología tuvo su época de expansión en los años 90 del siglo pasado. 

 

 

Actualmente, junto a otras reivindicaciones similares como las de Compromís, o la Chunta Aragonesista, esta propuesta tiene un repunte, pero el crecimiento tiene sus consecuencias, consecuencias en dos direcciones: La primera, por el aumento del número de militantes. La segunda, por la definición ideológica del proyecto. 


Dicho esto, con permiso de mis buenos y queridos amigos politólogos, me meteré en su campo basándome en mi ya amplia y diversa experiencia política (ya van cuatro organizaciones políticas y otras tantas sociales) y en mis estudios relacionados con la gestión de organizaciones en dos carreras universitarias.  Así que pido perdón de antemano a los Calderones, Ntutumus, Bravermans , Peñas y demás  excelentes profesionales.


En primer lugar, el aumento del número de militantes requiere una forma  de organización diferente. Una organización o un movimiento puede empezar con un grupo de amigos y amigas, el PSOE, por ejemplo, se fundó en un café por algo más de una docena de personas, pero sus creadores ya tenían pensada una forma de organización exportada de Europa en gran parte e ideado para traer las organizaciones de masas al Estado español y por lo tanto se hizo un continente para organizar en un futuro a centenares de miles de personas.  
Esta última premisa no es valadí. Es conveniente que exista esa estructura definida primeramente para dar seguridad a la militancia que ya está dentro de un partido y pueda realizar una vida de partido plena y con garantías democráticas. Estas garantías nada tienen que ver con el Asamblearismo, en mi vida política he comprobado las miles de formas que hay de manipular, controlar o reventar una Asamblea: Recurrir al “consenso” para no tomar nota de los desacuerdos mediante el voto, no reflejar dichos desacuerdos en las Actas, no hacer actas directamente, posicionar personas en lugares estratégicos del espacio donde se realiza la Asamblea encargadas de gritar lo más posible para parecer más e intimidar al contrario, ocultar información, interrumpir en los turnos de palabra  (como persona con discapacidad esto último me hace especial daño , etc, etc…….).


Pero esas garantías democráticas tampoco tienen que ver simplemente con tener una estructura sin más, sino que la militancia sepa que  y herramientas deben emplear para reclamar sus derechos formalmente ante la estructura del partido de manera efectiva. Por ejemplo, ¿Cuántos militantes saben como debe estar formalizada un Acta? ¿Cuántos saben como se forma una corriente de opinión? ¿Cuántos saben como dirigirse a la Comisión de Garantías de su partido? Etc, etc….


Evidentemente, cuanto mayor es una organización se hace mayor la necesidad de esta reglamentación. Aunque también se puede ver al contrario, cuanto menor es la organización más necesaria es esta organización. El argumento puede sonar contradictorio, pero lo explicaré.
Siguiendo la terminología de Max Weber, cuanto menor es el tamaño de una organización, mayor es el peso de la legitimación carismática o incluso tradicional del poder. Pesa la legitimación carismática ya que un grupo pequeño de suele bastar el su sociograma (las relaciones entre los miembros), que el organigrama (estructura formal de una organización). Por otro lado, pesa la legitimación tradicional ya que estas organizaciones suelen sobrevivir por un núcleo pequeño de personas que están allí desde su fundación y piensan que eso las concede una especie de poder natural por antigüedad.  
Para que una organización crezca y evolucione necesita cambiar a una legitimación democrática. Se debe evolucionar dotando a las organizaciones de estructuras que garanticen los derechos y la participación democrática de la militancia. Actualmente, este modelo se ha menospreciado en pos de una supuesta participación directa, la cual, como hemos visto antes, es muy fácil de manipular mediante Actas inexistentes, falta de votaciones, control carismático de las Asambleas, etc, etc….. Por eso creo que todo movimiento que quiera crecer tendrá que tener un buen sistema de reglamentaciones y  una estructura y metodología que lo respalden. Sin estos mecanismos, la militancia de base se verá desprotegida y las ideas minoritarias se verán condenadas al ostracismo, cuando no a la burla por quien ejerza el liderazgo. En este aspecto los partidos socialdemócratas tradicionales, como el PSOE, son, o al menos eran hasta ahora, un ejemplo.


En lo relativo a la ideología, en mi opinión, la ideología que mejor puede combinarse con este incipiente castellanismo es la socialdemocracia. 
Un movimiento como el castellanismo corre el riesgo de ser considerado insolidario, cerrado y  anclado en tradiciones actualmente testimoniales. Incluso puede verse como una ideología con bases genéticas o raciales. Para disipar esas sospechas sobre el castellanismo se debe combinar con una ideología abierta que garantice por igual los derechos sociales y las libertades civiles, para mí esa es la definición de la socialdemocracia europea, enfrentada a lo largo de su historia a todo tipo de totalitarismos y siendo odiada en el siglo pasado tanto por bolcheviques como por nazis, fascistas, o nacional-católicos por defender las libertades y la igualdad de derechos. Muchos Hermanos y muchas Hermanas socialdemócratas dieron su vida por luchar por estos ideales.


En coherencia con lo dicho anteriormente reivindico un castellanismo moderno, un castellanismo basado en razones socio-económicas, sociológicas y culturales, no en la historia, ni  en la tradición y mucho menos en la pertenencia territorial en sí misma, (existen Pueblos sin Estado), o en razones religiosas o raciales.


Una ideología del s.XXI no se puede basar en sucesos del s.XVI aunque estos la inspire de forma histórica. Desde las revueltas comuneras la humanidad ha pasado por dos revoluciones burguesas (en Francia y en EE.UU.), una revolución industrial, varias revoluciones socialistas y/o nacionalistas,  una revolución tecnológica y el auge de varios Movimientos Sociales: Feminismo, Movimiento LGTBI, Movimiento negro, Ecologismo, Movimiento de Personas con Discapacidad, etc, etc... 


La única ideología capaz de asimilar todos los cambios anteriormente dichos con ciertas garantías de igualdad de derechos  ha sido la socialdemocracia, debido a ser una ideología capad de preservar sus principios básicos cambiando con los tiempos.


    Siguiendo este razonamiento, el castellanismo que yo defiendo está basado en el republicanismo clásico, símbolo de la modernidad y la solidaridad. Luchar por lo nuestro no significa enfrentarnos a los derechos de nuestros pueblos vecinos. Temas como el cupo vasco y otros derechos conquistados por otras nacionalidades lejos de ser un motivo de envidia, deben ser ejemplos a seguir y exportar a Castilla, no debemos confundir el castellanismo con el españolismo centralista de otros partidos con UPYD, VOX, Cˋs o el PP. Para desarrollar ese discurso ya están estas organizaciones, así que a quien se vea tentado a desarrollar ese discurso le recomiendo que se vaya a esas organizaciones, estará más a gusto. Nuestros aliados naturales y el espejo donde debemos mirarnos son otros nacionalismos periféricos de nuestro entorno.

 

 

 

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